El portaveu del govern català, Francesc Homs, ha dit, en referència a la vaga general, que “és normal i saludable que el malestar surti al carrer”.
Manuel Fraga sostenia que “a los regímenes, como a las religiones, les conviene que haya herejías. La tradición oficial llega a desarrollos implícitos en la misma tradición gracias a ese desafío.” També afegí: “Conviene que los hombres estén insertos en asociaciones autónomas para que los grupos que no constituyen elite posean una vida grupal independiente, pues la atomización es lo que los hace disponibles para quien quiera manejarlos contra el orden. El temor clave del marco democrático es la aparición de nuevas elites capaces de movilizar a la gente aislada a través de la adhesión a sus programas”. (Manuel Fraga Iribarne (ed), La España de los años 70 (El estado y la política), vol. 3, Moneda y Cambio, Madrid, 1974, p. 910. i p. 919, respectivament)
Michel Foucault assenyalà que el més important no són les formes de repressió, sino les incitacions a expressar-se, perque són infinitament menys oneroses pel poder.
Homs projecta, paradoxalment, una bona part del pensament legalista de la Espanya dels setanta, que Fraga tant bé va definir: “El éxito de la labor legitimadora es aumentar la probabilidad de la obediencia hasta el punto en que gran parte del colectivo decida interiormente consentir, obedecer auténticamente, ‘ob-audire’ (saber escuchar). La obediencia auténtica convierte el mandato en imperativo”. (cita anterior, p. 915).
No cal recordar que Homs, com a portaveu del govern, és l’expressió genuina del “saber explicar” per tal de que la societat “sàpiga escoltar”, ergo obeïr.
























