Frescos de Actopan e Ixmiquilpan (México)

¿Cómo funcionó el mensaje de los misioneros católicos en el México devastado por la guerra y la muerte tras la llegada de los españoles? El mensaje no fue otro que: Al igual que Jesús, el pueblo indígena americano tuvo que ser “crucificado” para renacer en el Cristianismo y refundar la religión. Como Cristo, la muerte funda una cultura y una nueva historia en el sacrificio padecido por el hijo, el pueblo de México. Si la teleología española equipara la conquista americana a Roma, como impulso civilizatorio, la visión de unos indígenas salvados por una madre suprema y protectora, servirá para corroborar el destino manifiesto de la España católica.

Muchas son las imágenes que confirman esta extraña ecuación. En la Capilla de Indios externa de la iglesia de San Miguel de Actopan, en el estado de Hidalgo, construida a mediados del siglo XVI, sólo un par de décadas después de la caída del imperio azteca, se puede apreciar un fabuloso fresco en el que se vé un infierno donde los hombres sucumben a horribles torturas con la mirada puesta en la salvación que ofrece el cielo. No hace falta una pesquisa muy profunda para imaginarse las analogías que establecería la gente local entre aquellas imágenes y su propia realidad. Los demonios que infligen tales aberraciones con los hombres no serían otros que los propios españoles. La intención pedagógica y propagandística de tales pinturas se guiaba por simbolizar el poder de la Iglesia como “cobijo” de los indios frente a los desmanes de los conquistadores y, de paso, formular con precisión la idea de la creación de un “nuevo mundo espiritual”, en el que era necesario el terrible sacrificio para poderse ganar el cielo: de la misma manera que Cristo tuvo que sufrir el calvario a manos de los romanos, también los mexicanos tuvieron que transitar por la muerte para alcanzar la historia de Dios.

Pero, al mismo tiempo, el mensaje de determinadas imágenes cumplía todos los atributos de herejía. Quizás fue por ello que la Inquisición prohibió las versiones indígenas del Eclesiastés, que es precisamente donde estalla la más virulenta condena del culto a las imágenes. También tuvo que ver con esa preocupación un decreto de 1571 que declaraba la nulidad para juzgar a los indios según el fuero inquisitorial, quedando su dependencia exclusivamente en manos de los obispos, ya que, sino, habría que haberlos procesado a todos. Las cosas no estaban nada claras: en un códice de 1585 se observa a un grupo de franciscanos adorando una santa cruz en la que Cristo está ausente. Un grupo de demonios, de evidente ascendencia prehispánica, atacan la cruz. Lo anonadante es que uno de esos demonios tiene todos los visos de ser el propio Cristo, con corona de espinas y trenzas de pelo rubio. No sabemos qué reacción despertaría este tipo de manifestaciones entre el clero, pero, en todo caso, es indicativo de la peculiar comprensión de la figura de Jesús en la mentalidad cristiana de los neófitos indígenas.

En la iglesia de Ixmiquilpan, en el estado mexicano de Hidalgo, construida en el último tercio del siglo XVI, los muros laterales de la nave están pintados con altivas figuras de guerreros “tigres” y “jaguares” mexicas, con todo su ajuar militar. Es verdaderamente sorprendente observar estas figuras en el marco de una iglesia en la que unos curas españoles daban misa, y aún más sugerente imaginar las caras de aquellos frailes ante semejantes imágenes. No pocos historiadores se han devanado los sesos para dar una explicación plausible. La habilidad de los tlacuilos, o pintores locales, para insertar este tipo de iconografía en el mismísimo centro espiritual del conquistador, no es en absoluto anecdótico: nos habla del interés genuino por legitimar antiguas formas camuflándolas (o no tanto) entre los nuevos imaginarios españoles (quizás a través de una adaptación de las representaciones tradicionales de “moros y cristianos, como sugiere Gruzinski).

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2 respuestas a Frescos de Actopan e Ixmiquilpan (México)

  1. Alejandro dijo:

    Muy interesante, nunca había escuchado hablar nada de los frescos de actopan, yo soy de hidalgo y he estado ahí en actopan muchas veces, aunque debido a que nunca supe que existían estos frescos nunca me tomé el tiempo para ir a visitarlos.
    Gracias por la información, saludos.

  2. jaumeestruch dijo:

    Hola Jorge!
    No sabía como contactarte así que te escribo a través de tu blog (genial, por cierto).
    No se si me recordarás, pero me diste clases en IDEP hará unos 4 años

    El caso es que te he dedicado una entrada en mi blog a raíx de uan frase que nos dijiste y que marcó mi vida jajaja. Y sería un placer que te pasaras a leerla🙂

    Te dejo el enlace!

    http://jaumeestruch.blogspot.com/2010/10/la-prostitucion-del-diseno_05.html

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