Hemos creado un monstruo

Hemos creado un monstruo. Lo hemos alimentado durante años de quimeras y sueños de excelencia, de calidad, de marca, de país y ahora se nos ha vuelto en contra. Se ha engordado una política cultural que ha acabado devorando la cultura. Las propuestas culturales promovidas por la Generalitat de Catalunya en la Llei Òmnibus constatan este hecho pavoroso: la administración cultural se declara propietaria de la cultura, asumiendo plena potestad para definir lo que es cultura y lo que no. La creación deja de ser un proceso de exploración de la realidad para pasar a ser una máquina de rentabilidad: los artistas pasan a ser meras “empresas culturales que ejercen una actividad económica”.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Habrá que retroceder un poco. Todo empezó hace más de treinta años cuando la cultura se constituyó como un paliativo de la política. La cultura había sido un arma simbólica y eficaz contra la dictadura: era un bien preciado porque había catalizado consensos y representado pluralidades. Por el contrario, la política era el lugar en donde el país siempre se empatanaba: era el lugar de las dislocaciones, de los diálogos de sordos, de los conflictos. Ahí se gestó todo: pensar que la cultura era “naturalmente” un espacio amable, de consenso, de integración, cuando lo era sólo porque había una dictadura. La cultura se convertía así en un sustituto de la política. Al llegar la democracia, todos pensaron que había que mantener el territorio de la cultura alejado de las disensiones, que había que protegerlo de las perturbaciones, que había que sostener su supuesta capacidad cohesiva de crear ciudadanía. La cultura institucional se convertía en patrimonio: blandía el derecho de patrimonializar la cultura, de ser su propietaria en nombre del bienestar colectivo. Y todo empezó a torcerse. Comenzó a nacer el monstruo en forma de una ingente y voluminosa administración cultural que se prerrogaba con la facultad de decidir lo que podía ser y lo que no. La política cultural ya no era el resultado de las prácticas culturales: era la cultura el producto de las políticas culturales. Nada que mejor lo ilustre que el eslógan del Institut de Cultura del Ajuntament de Barcelona, en dónde también el monstruo se crió: “La cultura de hacer cultura”.

Y así hemos llegado hasta aquí. El Departament de Cultura del Gobierno de Catalunya pone ya negro sobre blanco, en el mismísimo redactado de una ley, que la cultura o es industria cultural o no es. Declara sin empacho alguno que ya no necesita la cultura, sino sólo los productos que legitiman y justifican su mera existencia administrativa y economicista. Proclama que la cultura ya nada tiene que ver con la facultad de imaginar, que no es otra cosa que revelar las relaciones ocultas de las cosas, y establece el triunfo del espectáculo, que, por su propia naturaleza, es siempre rentable. Y así, se obvia olímpicamente que la rentabilidad de las prácticas culturales se encuentra en los imaginarios sociales que todos creamos día a día, en el I+D intelectual, sensorial y colectivo con el que nos expresamos cotidianamente y nos imaginamos. No otra cosa es la cultura.

El monstruo se nos ha rebelado porque hemos olvidado que la cultura actúa siempre en contra de la sociedad que la acoge: la cultura es precisamente el mecanismo del que disponemos para recordar la fragilidad y la inestabilidad de nuestros lodos, y para proponer respuestas imaginativas, pasen por caja o no. La política cultural pretende que eso no es así, simplemente porque ellos se han declarado garantes de la estabilidad.

Ya sabíamos lo que pensaban. Pero es que ahora lo han escrito en un documento legislativo. Lo primero será alegar con todas nuestras fuerzas para que semejante barbaridad no llegue a tramitarse. Después ya se verá.

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6 respuestas a Hemos creado un monstruo

  1. Adrià dijo:

    Bufen vents de teatrocràcia, que, com el seu nom indica, és rentabilíssima.
    Gràcies Jorge pels teus escrits.
    salut
    a

  2. fito dijo:

    Ya no hay problema en presentarlo como doctrina, en publicitarlo abiertamente… no se cortan porque no hay lugar para el conflicto… // Todo el proceso vivido durante la última década en el que los agentes culturales han ido mutando en agencias y estas en “empresas creativas” ha propiciado el clima perfecto para que la cultura sea entendido como un “sector” con enorme capacidad de generar beneficio económico (no social, no educativo…por supuesto…)
    El asunto tiene recorrido; es lo que veíamos acercarse y que nos explota ahora en la jeta y sin protección….

  3. Bani dijo:

    gracias, impecable.

  4. pues hay que crear la alerta también en Colombia, en el flamante Ministerio de Cultura, en las oficinas culturales de gobernaciones, alcaldías, Institutos, universidades etc. porque para allá me temo que estamos caminando hace rato, Lo que no tengas previsto y cuantificado en los famosos planes, con metas, objetivos y toda esa jerga , pues se decreta que NO EXISTE, y por tanto no habrá apoyo ni reconocimiento o difusión posible. OJO! HAY QUE PONERSE EN GUARDIA!

  5. Juanch dijo:

    No sé en qué se traduce de forma concreta la medida legislativa ni tampoco la protesta… ¿se traduce en que habrá menos dinero público? Me parece bien. ¿La vuelta a la creación alejada de circuitos oficiales, de la creación sin agradecimientos ni rentabilidades políticas? Me parece bien. ¿El artista y su público, frente a frente, sin Ministerios, Institutos, Simpósiums, Jornadas ni Pesebres? Me parece bien.

    Pero dudo que cualquier poder no quiera dar de comer a sus acólitos en el mundo de la cultura, y menos un poder nacionalista. Dudo también que quien proteste no quiera sólo parte de pastel.

  6. Pingback: Neoliberalismo y cultura en Catalunya | Soymenos

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