La batalla del Instituto Cervantes

La cultura, “marca de España”, queda identificada en la lengua castellana. No es que sea nada nuevo, desde luego, pero ahora se da un pasito más adelante: según parece, si gana el PP las elecciones, “una buena parte de la estrategia cultural se basará en la expansión del idioma“.

El Instituto Cervantes nacía en 1991 para impulsar la lengua en el extranjero, pero ha servido, sobre todo, como marca de promoción de la cultura hispana, a través del vínculo lingüístico. Una promoción cuyo fundamento es una interpretación de la cultura com soporte único de la historia de España. Nos lo cuenta directamente un diplomático español: “España tiene una historia cultural a sus espaldas que le da, desde la perspectiva de su proyección internacional, un sesgo y una dimensión cultural muy fuertes. Y España se conoce y se reconoce como una potencia cultural; en Alemania, en los Estados Unidos. Yo estuve de agregado cultural en Alemania, y me quedó claro que más que en la dimensión económica, política, o social, es en la lengua y en la cultura donde España tiene peso y capacidad de influir” (Jesús Silva, 2004). Esa identificación entre lengua y cultura (civilización) aprovechada sin complejos por el aparato político español ha dado no pocos quebraderos de cabeza. La difusión de la lengua, una función propia del sistema educativo, ha pasado a formar parte de las funciones de la diplomacia, dando como resultado la comercialización de lo español. Tampoco es nuevo ese proceso. En 1959, el Instituto de Cultura Hispánica (precursor franquista del Cervantes y de la AECID) exponía la auténtica razón de ser de la entidad: “No se trata de crear cultura, sino de utilizar la existente como punto de apoyo en el exterior para movilizar ayudas y alianzas”. De igual modo lo afirmaba enfáticamente un director académico del Instituto hace pocos años, en su sede en Estocolmo, ante la estupefacción de los profesores de español reunidos allí: “el objetivo de la entidad es vender España y no enseñar el español”.

De ahí se desprende una larga batalla entre los ministerios de Educación, Cultura, y Exteriores por el control del Instituto Cervantes, con más de 67 centros en 40 países, y de otras agencias estatales.

Y todo porque el control del Cervantes define el relato de la memoria. Nada mejor para ilustrarlo que la sorda lucha entre el Ministerio de Cultura, el de Asuntos Exteriores, y en menor medida, el de Educación. Sea del color que sea el gobierno. Las razones son muchas: el desinterés por difundir una interpretación crítica del relato del pasado, lo que conlleva una transmisión mecanicista del mismo, desactivando así la función de debate que la educación debería tener en este ámbito, y promoviendo una dinámica meramente propagandística y diplomática de la cultura; el tradicional rol de la cultura y la lengua como herramienta política en América; las competencias de cultura derivadas a las Comunidades Autónomas, que provoca un enrocamiento en las elites hispanistas, siempre prestas a garantizar lo nacional; y el dinero existente de los mecenazgos de las grandes corporaciones multinacionales españolas que prefieren invertir en campañas de marca exteriores en vez de fomentar la producción cultural interna.

Van aquí listados unos cuantos enlaces de prensa para rastrear en el tiempo esa batalla entre los tres ministerios por el control de las competencias culturales.

“Pulso entre Exteriores y Cultura por el control de la Sociedad Estatal de Acción Cultural Exterior” (16 de diciembre de 2000)
“Cultura sólo cuenta con tres votos de doce en el Consejo de la Seacex” (22 de diciembre de 2000)
“Los fondos para la acción cultural exterior se aprobarán en enero” (22 de diciembre de 2000)
“La participación de Cultura en la SEACEX será similar a la de Exteriores” (30 de diciembre de 2000)
“Cortés corrige a la ministra de Cultura” (2 de febrero de 2001)
“Descoordinación” (6 de febrero de 2001)
“Las guerras sordas de la cultura” (6 de febrero de 2001)
“La Seacex ha logrado crear un marco para sumar los esfuerzos de todos” (11 de marzo de 2001)
“De Cuenca asegura que la política cultural está en su ministerio y no en Exteriores” (21 de junio de 2001)
“De Cuenca quiere que la SEACEX no se limite a celebrar exposiciones” (21 de junio de 2001)
“La unión del Instituto Cervantes y el ICI mejorará los recursos del español en el mundo” (19 de mayo de 2002)
“ARCO arrincona a Cultura, mientras Exteriores obtiene un lugar de excepción en la feria” (15 de febrero de 2003)
“Cultura/Exteriores: primer asalto” (1 de febrero 2008)
“La cúpula de Barceló reabre la lucha por la acción cultural exterior” (13 Noviembre 2008)
“César Antonio Molina pide coordinar la acción cultural exterior” (17 de diciembre 2008)
“Cultura/Exteriores: segundo asalto” (18 de diciembre 2008)
“Moratinos exige que Exteriores conserve las competencias para la acción cultural en el extranjero” (18 de diciembre 2008)
“Moratinos se aferra a la cultura” (19 de diciembre 2008)
“Moratinos y González-Sinde acaban con la pugna por la acción cultural en el extranjero” (14 de julio 2009)
“Cultura y Exteriores se sientan a fumar la pipa de la paz” (15 de julio 2009)
“La crisis une las sociedades estatales” (26 de abril de 2010)
“Un ministerio llamado Cervantes” (7 de noviembre de 2011)
“Se reabre la pugna por el Cervantes” (12 de enero 2012)
“El Cervantes pertenece a Exteriores” (1 de febrero de 2012)

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2 respuestas a La batalla del Instituto Cervantes

  1. vudutv dijo:

    Gracias, Jorge, por estas pesquisas que tan generosamente compartes con los posibles interesados. Qué claritos se ven así algunos tejemanejes de esos bárbaros.
    Ahí va esto sobre el asunto de la cultura como marca (“negra miseria espiritual”, como decía el otro):
    “Quienes con mayor insistencia proclaman a Kant, Goethe o Beethoven como patrimono nacional alemán son justamente, por regla general, quienes menos tienen que ver con el contenido de sus obras. Lo computan como un patrimonio, cuando lo que ellos enseñaron o produjeron se resiste a que se lo transforme en posesión. Atentan contra la tradición alemana quienes la neutralizan como un bien de cultura, al mismo tiempo admirado e indiferente. (…) … autores a los que se quisiera confiscar y hacer valer como productos de marca alemana.”
    T. W. Adorno: Consignas. Buenos Aires/Madrid: Amorrortu eds., 2003. Trad. de Ramón Bilbao.

    Lo mismo vale, claro, para lo que llaman sin pudor ni vergüenza “la marca España” o la “marca Catalunya”, etc., etc.

  2. Pingback: interessant article de Jorge Luis Marzo | arxive

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